VERI*FACTU 2027: qué cambia y cuándo automatizar tus facturas

Información revisada el 14 de septiembre de 2026.
Si tienes una peluquería, trabajas como fontanero o llevas una consulta de fisioterapia, es normal que VERI*FACTU te genere dudas. ¿Voy a tener que hacer más facturas? ¿Tengo que cambiar de programa? ¿Me afecta aunque casi todos mis clientes sean particulares?
Vamos por partes. Primero, qué cambia realmente y cuándo. Después, una pregunta igual de práctica: si tienes que dedicar tiempo a facturar, ¿puedes hacerlo de una forma más cómoda?
Qué es VERI*FACTU, explicado sin complicaciones
Es el nombre con el que se conoce habitualmente la nueva normativa sobre los programas de facturación. Su objetivo es que las facturas queden registradas de forma que no puedan alterarse o borrarse sin dejar rastro. Regula cómo funciona el programa; no crea por sí sola la obligación de facturar una operación. AEAT: qué regula esta normativa.
Para tu día a día, la idea es sencilla: si utilizas un programa de facturación y estás dentro de su ámbito, ese programa tendrá que estar adaptado. Hay excepciones, y facturar exclusivamente a mano es una situación distinta. Tu gestoría debe confirmar dónde encaja tu negocio. AEAT: a quién afecta.
En sentido estricto, VERI*FACTU es la modalidad que envía los registros de las facturas a Hacienda. También existe una modalidad que los conserva con los controles exigidos. No necesitas aprender sus detalles técnicos para empezar: necesitas saber si tu programa cumple y qué opción vas a utilizar. AEAT: modalidades del sistema.
Una peluquería y un profesional que factura a seguros: ¿están en la misma situación?
La peluquera que atiende a particulares
Puede decir: «Yo no hago facturas; cobro el servicio y doy un ticket». Aquí hay una distinción importante: si ese ticket es una factura simplificada, también es una factura. La peluquería puede utilizar este tipo de documento dentro de sus condiciones, pero dar tickets no significa, por sí solo, quedar fuera de VERI*FACTU. AEAT: facturas simplificadas.
Puede haber operaciones en las que su situación fiscal permita no expedir factura. Eso debe confirmarlo la gestoría; no se puede deducir solo de que sea una peluquería o de que el cliente no pida el documento. AEAT: excepciones a la obligación de facturar.
La pregunta útil es: «En mi caso, ¿debo emitir facturas o tickets que sean facturas simplificadas? ¿El programa o TPV que utilizo tiene que adaptarse?».

Foto de Max Vakhtbovych en Pexels
El fontanero o la fisioterapeuta que factura a aseguradoras
Aquí la factura suele formar parte visible del trabajo: se realiza el servicio, se prepara el documento y se envía a la entidad correspondiente. Si utilizan software para emitirla, deben comprobar su adaptación cuando les resulte aplicable la normativa.
La diferencia cotidiana es que preparan facturas para clientes identificados, a menudo con datos y conceptos que deben comunicar a una aseguradora. No significa que solo tengan que facturar cuando trabajan con seguros. Atender a particulares también puede generar esa obligación; la regla general y sus excepciones deben revisarse según la actividad. AEAT: obligación de facturar.
Estos ejemplos sirven para orientarse, no para decidir el caso fiscal por el oficio. Antes de cambiar tu forma de facturar, confirma con tu gestor qué te corresponde hacer.
Cuándo hay que estar preparado
Los plazos oficiales de adaptación son:
Antes del 1 de enero de 2027: contribuyentes del Impuesto sobre Sociedades.
Antes del 1 de julio de 2027: el resto de obligados incluidos en la normativa, entre ellos los autónomos en IRPF afectados.
Son las fechas publicadas por la AEAT. No cambian porque tus clientes sean particulares o aseguradoras.
Cumplir no es solo cuestión de orden: usar un programa de facturación no adaptado puede acarrear sanciones de hasta 50.000 € por ejercicio para quien lo utiliza, y de hasta 150.000 € para quien lo fabrica o comercializa, según la Ley 11/2021 y el Reglamento VERI*FACTU (RD 1007/2023). No es motivo para precipitarse hoy mismo, pero sí para no dejarlo para el último trimestre de 2026.
No hace falta comprar otro programa sin preguntar antes. Empieza por comprobar si el que utilizas estará adaptado y qué necesita tu gestoría. Con eso claro, puedes decidir cómo quieres trabajar.
De acuerdo, tengo que facturar. ¿Merece la pena automatizarlo?
Piensa en lo que ocurre después de terminar un trabajo. Buscas los datos del cliente, escribes los conceptos, revisas los importes, haces la factura, la envías y la guardas. O mandas la información a la gestoría y respondes después a lo que falta.
La automatización puede evitar parte de ese recorrido: introducir los datos una vez y que la factura siga su camino. El ahorro no está solo en escribir más rápido, sino en reducir olvidos, mensajes de ida y vuelta y documentos que se quedan pendientes.
Hay un segundo beneficio, menos comentado: menos errores que puedan llamar la atención de Hacienda. Importes que no cuadran, facturas duplicadas o huecos en la numeración son más visibles con VERI*FACTU que antes. Automatizar la parte repetitiva reduce ese riesgo, además del tiempo.
Un ejemplo orientativo, no una promesa: si tramitas 40 facturas al mes y consigues ahorrar 5 minutos de gestión en cada una, recuperas 3 horas y 20 minutos al mes. En tu negocio podrían ser más o menos. Conviene medirlo y compararlo con el coste de la solución.
Si emites muy pocas facturas y las resuelves sin dificultad, quizá no sea prioritario. Si acumulas trabajos sin facturar, repites datos o dedicas las tardes a enviar documentos, merece la pena estudiarlo.
El perfil más habitual entre autónomos en Galicia encaja en alguno de los tres casos siguientes: hostelería y comercio de proximidad (que ya cobran con TPV), oficios como fontanería, electricidad o reformas (que facturan por trabajo hecho, muchas veces a través de gestoría) y servicios personales tipo peluquería o estética. Si te reconoces en uno de ellos, ve directo a ese caso.
Caso 1: haces tú las facturas en tu programa
Imagina a un fontanero que termina una instalación y deja la factura para la noche. Al llegar a casa tiene que recordar lo que hizo y volver a escribirlo todo.
Con un asistente conectado a su programa, podría enviar este audio desde su WhatsApp:
Necesito una factura para un cliente nuevo, Empresa Cliente, con dirección [dirección], NIF de empresa [NIF], correo [correo] y teléfono [teléfono]. Arreglo de grifo, 50 euros; instalación de caldera, 200 euros; y caldera, 1.000 euros. Envíala al WhatsApp y al correo del cliente.
El asistente prepara los tres conceptos y busca o crea la ficha. Si el cliente ya está guardado, bastaría con identificarlo y explicar el trabajo. Los datos sensibles pueden completarse mediante una ficha segura, sin tener que dictarlos todos por el chat.
Antes de emitir, muestra un resumen. Si no has aclarado si los precios incluyen IVA, lo pregunta; no debe inventarse los impuestos. Tú confirmas los datos y el total, y entonces el programa emite la factura, la guarda y la envía por los canales acordados y habilitados para ese cliente.
El cambio de operativa: pasas de abrir el programa y rellenarlo todo a explicar el trabajo y comprobar una propuesta. La factura sigue estando en tu programa habitual. Esta conexión debe comprobarse e implantarse: no todos los programas permiten las mismas funciones.

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Caso 2: la gestoría prepara y emite tus facturas
Imagina que envías notas a la gestoría: «Haz la factura del arreglo de ayer». Después te piden el importe, la dirección o el correo del cliente. Cuando llega la factura, aún tienes que enviársela y guardar una copia.
Aquí el audio puede convertirse en un encargo completo y ordenado para la gestoría. El asistente reúne los datos, pregunta lo que falta y deja preparada la solicitud. La gestoría mantiene la revisión y la emisión, según lo que hayáis acordado.
Cuando la factura está lista, el proceso puede continuar con el archivo y el envío al cliente. Si el programa de la gestoría permite conectarse, incluso se puede preparar el borrador dentro de él. Si trabaja de forma manual, seguirá existiendo ese paso y su tiempo de respuesta.
El cambio de operativa: sigues contando con tu gestoría, pero reduces los mensajes sueltos y la información incompleta. No hace falta sustituir su trabajo para mejorar la parte administrativa que haces tú.
Conviene dejar acordado quién revisa, quién emite y quién envía. Encargar las facturas a un tercero no elimina la responsabilidad del negocio sobre su obligación de facturación. AEAT: facturas preparadas por terceros.
Caso 3: la peluquería ya cobra y emite tickets desde su TPV
Si el TPV ya genera el documento al cobrar, dictar un audio por cada corte de pelo puede añadir trabajo en lugar de quitarlo. En este caso, tiene más sentido estudiar lo que ocurre después: localizar una factura, compartir los documentos con la gestoría o evitar exportaciones y envíos manuales repetidos.
También puede ser útil preparar una factura para un cliente identificado sin volver a copiar sus datos, utilizando el procedimiento que corresponda en el programa para no duplicar la operación.
El cambio de operativa: mantienes una forma de cobrar que ya funciona y automatizas las tareas que todavía te hacen perder tiempo. La mejor solución depende de dónde esté el trabajo repetitivo, no de utilizar WhatsApp para todo.
Qué debe hacer bien, aunque tú no tengas que ocuparte de la técnica
Para que resulte cómodo de verdad, pide que la solución cumpla unas reglas sencillas:
Que pregunte cuando falten datos y te permita revisar antes de emitir.
Que utilice el programa de facturación adecuado y guarde una copia accesible para ti y tu gestoría.
Que distinga una factura emitida de una enviada: si falla el envío, debe avisar y reenviar el mismo documento, no crear otro.
Que respete los datos del cliente y los canales que puede utilizar. El envío automático por WhatsApp requiere su configuración y los permisos correspondientes.
WhatsApp sería tu forma de dar el encargo. El cumplimiento fiscal y la entrega del documento deben resolverse con las herramientas apropiadas; no basta con generar un PDF bonito. Y si tu cliente necesita otro canal de factura electrónica, hay que contemplarlo al preparar la solución.
Existen otros casos particulares. No necesitas estudiarlos todos para empezar: necesitas que tu gestor confirme tu situación y que la automatización encaje con tu forma real de trabajar.
Empieza por una pregunta: ¿qué parte de facturar te pesa más?
¿Escribir los datos? ¿Enviar la información a la gestoría? ¿Recordar qué documentos faltan? ¿Volver al ordenador después de una jornada de trabajo?
En Ardeiro.AI podemos revisar contigo ese proceso. Cuéntanos si emites tú o lo hace tu gestoría, qué programa utilizas y dónde pierdes tiempo. Con esa información podemos valorar una solución concreta y comprobar si el ahorro compensa.
La idea es sencilla: que terminar un trabajo no signifique empezar otra ronda de tareas administrativas. Explicas lo que has hecho, compruebas lo necesario y dejas la factura encaminada.
Imagen de portada: https://kaboompics.com/ en Pexels
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